Carta al Director del Diario El País de España, de Luis Guillermo Echeverri Vélez

Madrid, Cundinamarca. Septiembre 5 de 2020

Carta al Director del Diario el País de España.

Señor Don Javier Moreno.

De Luis Guillermo Echeverri Vélez
Presidente Asociación Primero Colombia

Presenciamos el juicio al queso en la corte de los ratones.

“Engaña, vencerás y prevalecerás”. Hoy ésta parece ser la misiva de una ética inversa, la nueva premisa dialéctica en un mundo globalmente integrado por la comunicación digital. El inmediatismo abre la puerta a lo falso convirtiéndolo en verdadero, sin hacerle curaduría o escrutinio alguno a la realidad, sin pasar por el debido juicio de valor que demanda la autenticidad a la cual tiene derecho todo aquel que se informa.

Como colombiano, demócrata y persona de mente liberal y justiciera, es terror y horror lo que me produce ver la más vívida apología del delito plasmada en el diario el País de España, dándole púlpito al demonio para que oficie la liturgia del crimen organizado; al evangelio morboso de la ideología política que, valida las fuerzas del narcoterrorismo global, que como el lobo disfrazado de abuelita pregona los enunciados democráticos con los cuales encubren la radicalización narco-comunista que viene convirtiendo lo ilegal en legal, bajo la lisonja gráfica de la paloma que simboliza el ideal de Paz.

Señor director, no encuentro la explicación para permitirle a Iván Cepeda, maestro del engaño, fabricante del testimonio falso, inquisidor moderno, líder de la guerrilla parlamentaria, amplificar como verdadera, la falacia de la cual él mismo es autor intelectual, material y verdugo de la integridad humana y democrática de uno de los líderes políticos más importantes que tiene el mundo y la democracia contemporánea.

Dice el adagio, “Amigo es el ratón de queso”. Y es que en la política digital moderna sin duda el fin parece que justifica los medios, pues las fuerzas polarizadas no comprenden que toda democracia lleva dentro una semilla anárquica que cuando el péndulo se desborda, resulta tan áspera como lo ha sido la dictadura, la dañina anarquía oculta en el libertinaje. ¿Donde está la responsabilidad en la línea editorial? Pues la libertad tiene un límite, no podemos justificar la cobardía ni ocultar la verdad tras el garantismo, dejando de lado la legalidad y el cumplimiento de las obligaciones básicas de comportamiento que exige la convivencia.

Está enferma la democracia justo cuando más podría innovarse. Está perdida en una confusión donde los valores colectivos y los principios individuales parecen totalmente desorientados por lo que se reporta. Y es que la dialéctica inversa es el virus que tiene infectada y amenazada la autenticidad de la comunicación. Es así como se están manejando masas inconscientes del gran engaño de todos aquellos que por inmediatismo y ambición se dan a la tarea de destruir el progreso colectivo.

Colombia y la región que la rodea, siendo la puerta de entrada a la turbulencia del descontento suramericano, se ha convertido en las últimas décadas en un laboratorio social, fascinante para los politólogos europeos, que en la comunidad se comportan, pero al viajar se chalan. En el acontecer colombiano puede evaluarse el comportamiento humano en todas sus facetas más contradictorias, más esperanzadoras, pero a la vez más destructivas, donde podemos predecir los peligros que afronta el progreso de nuestra civilización y que escasa de seguridad democrática y ciudadana, como en aquel laboratorio chino de Wuhan, puede escapársele un factor de destrucción conceptual con una fuerza desorbitante y aún desconocida.

Solo tres países del mundo producen cocaína. La planta de coca a nadie hace daño en su estado natural, sus hojas ofrecen sin duda capacidades naturalmente terapéuticas. La mala no es la coca, la maldad es del hombre que la alcaliniza. La perversidad radica en la organización criminal que, se nutre a cuenta de la destrucción de la selva tropical húmeda, de la biodiversidad del planeta, de la mente de millones de adolecentes que aún no están capacitados para hacer la elección libre de como forjar su carácter y tomar las decisiones de vida que más les convienen, y sin duda la destrucción de los valores democráticos que conforman un buen pacto social.

Esas organizaciones criminales señor director son las que representa el Senador colombiano, sus aliados narcoterroristas activos del crimen organizado, y sus aliados políticos sin escrúpulos como el dictador venezolano, la dictadura esclavista instalada en Cuba desde hace más de 60 años y sus aliados en la política europea y en los movimientos de extrema izquierda que validan el narcotráfico como forma de financiación del terrorismo global.

Ese es el caso de la satanización sistemática en los medios del campeón de la defensa de la democracia latinoamericana encarnado en la figura de Uribe. El magnicidio mediático de la figura del ex presidente Álvaro Uribe Vélez, no difiere para nada de la relación entre la destrucción de la naturaleza tropical que se necesita como pulmón de la humanidad y lo que pasa con el COVID-19 en los pulmones de un cuerpo bajo de defensas, ni difiere de lo que quieren hacer las grandes organizaciones criminales dedicadas al narcotráfico, esclavizando los pueblos con la proliferación del uso supra-adictivo de los alcaloides.

No es democrático darles vitrina mediática a las fuerzas parlamentarias del narcoterrorismo. No puede ser que los medios le den crédito y prelación a la historia ilegal del pájaro que le dispara a las escopetas. No encuentro la explicación ética para que los grandes medios, con tal de ganar “clicks” y “rating”, no tengan conciencia de lo que pasa en Latinoamérica y crean que lo que presenciamos es una simple disputa ideológica entre izquierda y derecha. Pero no es así de simple el asunto, es mucho más grave y exige responsabilidad social.

El caso de la infamia de la justicia contra el expresidente Uribe, tiene una trascendencia mucho mayor de lo que la gente imagina en un mundo globalizado. Si bien Colombia es tan solo un país que parece insignificante entre las fuerzas de los grandes poderes establecidos y emergentes, lo invito director a que usted y los grandes medios miren en microscopio y vean como se reproduce un virus mucho peor que esta pandemia: La perdida de valores, el fin de los resortes morales sobre los cuales se edifican los pactos sociales. Publicar los engaños de personajes como los que fueron actores del fallido proceso de Paz de Santos y las FARC que descuartizó el equilibrio de poderes en Colombia, es sin duda una falta grave en materia de curaduría ética e intelectual.

Fin/ LGEV

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